La Abadía de Alcocer no es un monasterio

Biopic de Rafaela Abadía Hernández, actriz, esposa y madre.

Luis del Saz Ayllón

1/8/202612 min read

No era de Alcocer, pero acabó ligada al pueblo. Pese a ser mujer, es probablemente la persona relacionada con nuestro pueblo con más apariciones en la prensa de su tiempo, lo que no es común, pues lo normal es que en la historia, no aparezcan ellas. Aunque no he guardado todos, he tomando notas para este biopic de unos 111 artículos de prensa de la época sobre ella entre 1909 y 1938.

Rafaela Abadía Hernández nació en Madrid y era hija de José y Nicomedes. No tengo información de la actividad de su familia, pero sí sé que ella y sus primas Lola y Segunda Abadía (en la prensa dice que eran hermanas) se dedicaron al teatro muy pronto.

Nació el dos de marzo de 1892 por lo que, en 1909, cuando aparece la primera referencia en el Teatro Español de Madrid, tenía 17 años. La sociedad “El Teatro” ofrecía en aquel auditorio el drama en cuatro actos sobre el pensamiento de la obra de Víctor Hugo “El rey se divierte”, una obra llamada “Triboulet” escrita por D. Enrique Reoyo y D. Diego San José con un argumento análogo a la ópera de “Rigoletto”. Rafaela Abadía “vistió entonces sin afectación y con desenvoltura el preciosa traje del rey galanteador, interpretandomuy bien el tipo, lo propio que Matilde Llopis en su papel de gitanilla y Mercedes Baró el de Blanca, no exento de dificultades que ella venció con su envidiable talento” según cuenta Abelardo Parmenio, articulista del diario “Ejército y Armada” el 8 de junio de 1909.

Actuó luego en el teatro Miñón de Segovia, iglesia de un antiguo convento en la calle Victoria de la localidad, reformado en 1844 como teatro, tras la desamortización de 1821, con la compañía de Santos-Piquer, dirigida por el primer actor y director señor Leyva, Rafaela actuaba ya como primera actriz. Se estrenó la comedia en tres actos “El sombrero de copa” de Vital Aza. Dice el artículo del Adelantado de Segovia que Rafaela cosechó grandes aplausos. A partir de esas actuaciones no hay apenas un mes que la prensa no publique varios artículos haciendo referencia de sus actuaciones. El 20 de octubre de 1910 la Comisión de espectáculos publica el elenco del teatro Español: director artístico Federico Olivier y, entre las actrices, figura ya Rafaela entre otras muchas. Como actores, encabeza Enrique Borrás, un actor con el que se reencontraría varias veces en escena. Otro de los actores era Francisco Comes, Paco, que sería fiel compañero de farándula en su futuro periplo por Valencia y Mallorca.

Enrique Borrás, actor
Enrique Borrás, actor

El actor Enrique Borrás. Foto de Pablo Audouard Deglaire

En aquellos tiempos, en la compañía del teatro Español, interpretaría numerosas obras: “La esclava” drama en cinco actos de Federico Oliver, en el papel de Promenia, un secundario; “Los viejos” en el papel de Engracieta, entre otros.

Es ya el 29 de junio de 1911 cuando se la eleva a primera actriz de la compañía, con apenas 20 años cumplidos. El empresario Alejandro Miquis refiere que ya tiene la experiencia necesaria, pues anteriormente estuvo en la compañía de “La Cobeña” y posee “estimables condiciones”. El actor principal seguirá siendo Enrique Borrás. La inauguración será en octubre con la obra “García del Castañar” de Rojas y “otras de Benavente, Linares de Rivas, Martínez Sierra, Rusiñol, Pérez Galdós, Madrazo y otros dramaturgos insignes”. Antes, en septiembre, viajan a Argentina y Chile, donde representan con gran éxito. Su actuación en "Los intereses creados" de Benavente en el Teatro Español fue calificada como “admirable”.

“La señorita Abadía, a pesar de no tener preparada la obra, pues se encargó repentinamente del papel de Blanca, salió ‘airosísima’. Es bonita, graciosa, tiene una voz armónica y dice muy bien los versos. En plena juventud, casi en plena niñez, es ya una gran actriz. En ella tendrá Borrás para seguir una campaña interesante, gloriosa compañera.”

En Noviembre interpretaría a Doña Inés en el Tenorio de Zorrilla, donde se la vio “espiritual, bella y seductora”, obteniendo “muchos y muy merecidos aplausos” según Florencio Foro, articulista del semanario “Madrid cómico”.

Portada de Madríd Cómico - 1911

En diciembre interpretaría “El abuelo” de Galdós y “El amo de la casa” comedia en dos actos de Martínez Sierra, en el papel de Gloria, siempre con la compañía de “El Español”.

Caricaturas del elenco en Almanaque de La Ilustración, 1912

El 2 de enero de 1912 se publica en “La Correspondencia de España” que Rafaela, junto al célebre Ricardo de la Vega, libretista de “La verbena de La Paloma” y pionero del género Chico, leía poemas de la obra “Hidalgos y Plebeyos” de Diego San José en el Ateneo de Madrid.

En seguida, el 14 de enero de ese año, se publica su baja en el teatro El Español. Marchando a Barcelona en la compañía de Ricardo Calvo. Debutará el 17 de enero en teatro Romea de esa localidad.

El Teatro Romea en 1914

Se representó la obra "El Gran Galeoto", drama de José Echegaray, resultando en un gran éxito y donde tuvo que salir “repetidas veces a escena ante la insistencia con que era llamada por el público, que la tributó una verdadera ovación”.

El mes siguiente los espectadores asistieron en el mismo lugar a la obra "García del Castañar" junto a Felipe García Vaz, actor. La revista “Hoja de Parra” le dedicó portada en abril de ese año.

Siguió un tiempo en Barcelona, actuando en Junio con Mariano de Larra el actor (no confundir con Mariano José de Larra ni con Luis Mariano de Larra). Por cierto que, las publicaciones locales, se hacían eco de la polémica sobre la “Castellanofobia” porque “muchos actores consideraban una traición a Cataluña y sus ideales catalanistas declamar en español, negándose a representar en esa lengua” o eso al menos decía en El Liberal un artículo de Adolfo Marsillach.

Se mantendrá un tiempo en la zona representando con Mariano de Larra y siendo en otras primer actor Enrique Giménez, las obras "Flor de pazos" y "La tragedia Florentina" o "La losa de los sueños" de Benavente en el papel de Rosina, siempre de actriz principal. La compañía era la cómico-dramática Larra-Giménez.

Aconteció en diciembre de ese año un suceso que dio mucho que hablar. Al volver, su madre halló abierto un armario del gabinete, faltando de uno de los cajones varias alhajas de oro, con piedras preciosas. Les habían robado. Sorpresivamente, Los ladrones dejaron unas onzas de oro y 250 pts en billetes que se guardaban en ese mismo armario. Ese detalle hizo sospechar de la criada de 19 años, porque se le había dicho a la dicha criada anteriormente que las onzas y los billetes eran falsos. Aunque la joven negó su intervención y acusó a varias personas, no se probó la culpabilidad de estas y pasó a prisión. Las joyas nunca fueron encontradas, pese a las pesquisas policiales y un año más tarde se celebró juicio, pero la actriz y su madre no acudieron al mismo, seguramente por encontrarse ya en Madrid, siendo multadas por ello. De la criada, no se supo más…

Rafaela entre tanto había actuado en Tarragona y regresado a Madrid donde actuó de nuevo en El Español con la compañía de José Tallaví, que era igualmente actor principal. Se representaron obras de Pérez Galdós.

En agosto de 1913 marcha a Valencia, donde se desarrollará su siguiente etapa con algún paréntesis en el teatro Principal de Mallorca. Recibió ovaciones en el teatro Eslava de Valencia junto a sus primas (la prensa dice hermanas) Lola y Segunda Abadía. Allí el actor principal solía ser Francisco, Paco Comes. Entre otras obras actuó en la comedia "Un negocio de oro", “El genio alegre” y “Magda” de Suderman. La compañía era la de Juan Colom y Francisco Comes. En el Eslava, los intermedios los amenizaba un sexteto de viento-madera. La entrada más cara era de 7 u 8 pesetas, si era función extraordinaria, la general, de 40 o 50 céntimos.

“La señorita Abadía conquistó desde los primeros momentos todas las simpatías del público; es una artista..., artista, eso es; una actriz que es todo voluntad infatigable, que se entrega por completo al papel, que no procura buscar efectos de realce egoísta sino que prefiere convencer… y eso es tener un depurado temperamento y por ello el público quedó conquistado desde los primeros instantes. Flexible de voz y de talento con acentos dulcísimos guapa de verdad… Es una adquisición Rafaela Abadía y una admiración para el público. Allí fue aplaudida si hay que aplaudir y la famosa relación del acto segundo casi hubo de ser repetida” Las Provincias, Diario de Valencia.

El 29 de enero de 1914, estrenó “La Malquerida” una obra que luego repetiría en diferentes escenarios, siendo también muy aplaudidas, “Frou-frou” y “El agua Milagrosa”. Tan estrella era que, tras una de sus actuaciones las gradas se iluminaron con bombillas dibujando su nombre en los aplausos.

En Junio de 1914 se despide del Eslava, con una amplia crítica elogiosa en el Sóller, semanario independiente. “Sus ojos, ojos negros de diablesa son la expresión más firme y sincera de su alma de artista, y su cuerpo grácil y esbelto, todo nerviosismo, es de una elegancia suprema.”. Algo repipis los gacetilleros de entonces ¿no?

Actuó ese verano en el teatro Serrano también de Valencia marchando a Badajoz en otoño. Ya en la capital extremeña se unió a un joven Ernesto Vilches como actor principal, formando la compañía “Vilches-Abadía”.

El actor Ernesto Vilches

Vilches se inició en el teatro por casualidad. Asiduo de las representaciones en su localidad, sucedió que una de las actrices causó baja a última hora por indisposición. Vilches, de 17 años entonces, se ofreció a hacer el papel, pues conocía de memoria la obra. El director lo aceptó dada la situación y, caracterizado de mujer, actuó con gran éxito, repitiendo en posteriores.

Debutaron ambos en diciembre de 1914 en el teatro López de Ayala. El Correo de la Mañana Diario independiente de Extremadura publicaba:

‘Rafaelita no es la misma que conoció el público madrileño. Se ha transformado, ha perfeccionado su arte y ha multiplicado con el estudio sus facultades. Ya no es la damita encantadora, la ingenua que triunfaba en el español hace cuatro o seis años. Ahora es ya la actriz dispuesta a sostenerse en los primeros lugares. Cuando en 1911 dejó de formar parte de la compañía de Enrique Borrás marchó a provincias. Y en Romea de Barcelona y en Eslava de Valencia ha cimentado su prestigio y aureolado su nombre en obras como “Magda”, “La losa de los sueños”, “amor de amar”, “El genio alegre”, ”amores y amoríos”, “Madrigal” (Martínez Sierra), “La Malquerida”. “Frou-frou”, “Malvaloca” y otras obras que hacen interminable su repertorio.’

En esa época, Manuel Monterrey “el delicado poeta extremeño” le dedica el siguiente soneto publicado en El Correo de la Mañana del 8 de enero de 1915:

Allí repitió algunos de sus éxitos y otros nuevos como “Lluvia de hijos”, "La leyenda del Maestro", “El ojo de cristal” o “Los malhechores del bien". Giró por provincias de nuevo, volviendo a Mallorca durante ese periodo y en mayo de 1915 se daba ya por cierta su inclusión en el elenco del teatro Lara de Malasaña en Madrid. Sería en este teatro donde se mantendría en su madurez, coincidiendo con actores como Pepe Isbert.

Se separó de Vilches y fue contratada en el Lara sustituyendo a la primera actriz Catalina Bárcena. Vilches marchó a Barcelona a "impresionar películas", un nuevo sector en auge. Aún volverían a verse las caras en Tenerife en octubre, justo antes de iniciar en el Lara donde debutó el 26 de octubre de 1915 con la comedia "El Genio Alegre". Con Pepe Isbert, actuó al menos en esta obra: "Sin el amor que encanta".

Fue sustituida ya en febrero de 1917, por Mariquita Palou, finalizando esa etapa del teatro Lara. Aunque actuó ese año en el Apolo, desaparece por completo de los medios de prensa en años siguientes, siendo mencionada solo en artículos nostálgicos o recopilatorios como “Los 50 años del Lara” en 1930. En 1917 no llegaba a la treintena de años edad, pero ya se sabe que, el artisteo dirigido por señores muy señoreados, abandona y deshecha siempre a las actrices maduras sustituyéndolas por otras más jóvenes.

No sé muy bien de dónde y cuándo surgió la relación, pero Rafaela acabó emparejada con el terrateniente de Alcocer y de otros pueblos de aquí y de allá, oriundo de Mojares, Juan José Briones González. Un señor de los de antes, de gran estatura, elegante y con bastón, según cuentan. También cuentan en casa de Antonia Casero, la Antonia de "Casa Goyo", que el Briones compró en una ocasión todas las entradas de una función con presumible fin de llamar su atención.

“Convivía maritalmente con él” según denunciaba tras la guerra civil Jaime Illanes Ferreira, médico nacido en Lisboa y afincado primero en Escamilla y luego residente en Alcocer. Su padre, el militar carlista Juan Illanes Figueroa estuvo exiliado en Portugal tras el fracaso de las últimas guerras. El tal Illanes tildaba a Briones por entonces de “ideas anárquicas y disolventes” y aducía como prueba de ello, entre otras, esa convivencia laica “ejemplo vergonzoso de impudor social”. Lo cierto es que Briones estuvo afiliado a Acción Republicana, desmarcándose más tarde y jugando un doble juego durante la guerra, cuando participaba y mantenía relaciones con ambos bandos, aunque solo con trato cordial y manteniendo cierta distancia, lo que le hacía aparecer como uno de los suyos tanto a derechistas como a izquierdistas, resultándole muy rentable su actuación, tanto para salir airoso de la denuncia anterior, como para sobrevivir durante la contienda sin excesivos apuros, algo que fastidiaba especialmente al Illanes que expresaba que “durante el Movimiento Nacional [el golpe de estado y guerra civil], cuando las principales personas de orden [las personas de derechas] estaban perseguidas en el pueblo él [Briones] vivía con tranquilidad en su casa y sin miedo a que nadie le persiguiera”. Con Briones se perdió quizá otro actor galán pero de intrigas.

Se dice que Briones era muy aficionado al Casino del tío Tonete (y luego a timbas en la posada de Jesús Casero, el padre de Antonia), donde gastaba grandes sumas, y que las tenía tiesas luego con su esposa, “llegando a volar sillas y mobiliario por los aires” según mi abuela.

Y es que ese recorte que encabeza el artículo, lo guardó mi abuela Pepa Ballesteros, que solía coser para ellos. Pepa era, posiblemente, si no la mejor, una de de las mejores costureras en Alcocer. De hecho, daba clases en su casa a otras chicas de la localidad. Como la tarea era bastante, pidió que una joven Manuela Soria (La Manola) la ayudara en las tareas. Pepa, que perdió marido, hermano, padre y tío en la limpieza ideológica de cualquier persona que pasara por allí durante el periodo de izquierdas en Alcocer, estuvo a punto de ser ella misma rapada por ser, además, buena costurera. Había bordado, según las malas lenguas y como Mariana Pineda, una bandera republicana, la bandera de España, la bandera que eligieron y juraron defender todos, izquierdas y derechas. Doña Rita, la maestra, intervino con fortuna a tiempo de evitarlo. De su época de costurera en casa de Briones guardó siempre un sentimiento sino de amistad, muy cercano a él con la Rafaela, con quien pasó largos ratos de conversación.

Juan José y Rafaela tras la guerra, se apresuraron a contraer matrimonio sagrado en "privata domo” tan pronto como se restituyó el funcionamiento de la parroquia, pues durante la guerra se suspendieron los oficios, pero ya eran padres anteriormente de siete hijos, que yo sepa: Mercedes, Luis Fernando, Juan José, Pepita, Concepción, Ignacio y Miguel Ángel Briones Abadía. Tenían 50 y 47 años respectivamente.

En mi niñez, tuve cierta amistad con un nieto suyo, y alguna vez estuve en la casa de Briones con él, sorteada previamente la jauría de perros que vigilaba la entrada. En la cocina de enorme chimenea, sentada en una gran butaca, presidía una anciana silenciosa. No sabíamos que era una de las actrices más señaladas en el teatro de su época.

En el cementerio de Alcocer, puede encontrarse, si se sabe buscar, el nicho de su prima Segunda que, haciendo honor a su nombre, la acompañó haciendo pequeños papeles en muchas secundarios de las obras en las que Rafaela fue protagonista y, por lo que se ve, también en su vida alcocereña posterior. Si os dicen que en Alcocer hay una "Abadía Grande", ya sabéis cuál es.

Rafaela falleció a los 91 años, un 10 de agosto de 1983 en Castellón de la Plana, donde está enterrada.