La defensa de Vicente Romero

Dirigentes republicanos defienden al cura de su pueblo

Luis del Saz Ayllón

7/6/202614 min read

Corría el verano del 36. En Alcocer un grupo de “personas de orden”, como a ellos gustaba autodenominarse, bien encastrados en el stablishment del momento, mantenía comunicación directa a través de uno de ellos con Félix Valenzuela diputado por Guadalajara. Antes que diputado, Valenzuela fue oficial del ejército retirado e indultado por Gil Robles durante el gobierno de la CEDA, como muchos otros golpistas de la Sanjurjada del 32, que luego serían los protagonistas de la peor época de nuestra historia.

La persona que mantenía contactos con Valenzuela es la misma que se había decidido que fuera el alcalde golpista de Alcocer nada más recibir la orden de levantamiento. La sublevación de Guadalajara capital comenzó a mediodía del 21 de Julio. En los momentos posteriores, en Alcocer, el grupo de sublevados, que estaba armado según consta por declaraciones propias de algunos de sus miembros, una vez dada la orden, se hizo con el control del Ayuntamiento de la villa, gobernado por el Frente Popular desde abril del mismo año. El Frente “ganó” esas municipales por incomparecencia voluntaria de todas las fuerzas derechistas en España. El alcalde legal era Juan Bautista Casanova Sánchez, zapatero en la calle del Lobo, la misma profesión de su hermano Leandro y antes, de su padre Sebastián. Estuvo en el cargo hasta final de agosto. Durante su mandato nadie murió. Él se declaró contrario y opuesto a las ejecuciones.

Consumado ya el golpe de Guadalajara y también el de Alcocer, el día 22 de Julio del 36 y tras horas de tenso impasse, llega la noticia del fracaso de los rebeldes en la capital, al recuperar el control el gobierno republicano, que había recibido los apoyos del coronel Puigdendolas y del cenetista Cipriano Mera desde Alcalá. En ese momento, es cuando se inician los enfrentamientos en Alcocer. En esas algaradas consta que hubo disparos y mucha tensión, resuelta la misma más o menos como ya contamos en la entrada “El médico de Alcocer” por intermediación de Juan José Briones, aunque de esto hay aún mucho que contar.

Al poco, sucedieron las primeras detenciones, pues el día 25 de julio había llegado a Alcocer un contingente de guardias de asalto desde Madrid, avisado por Andrés Cillero y su cuñado Poli, entonces cabo de asalto. Andrés era hijo de Simón Cillero, exitoso comerciante de Alcocer en la casa a la izquierda de la actual panadería “Encarnita”. Andrés llegaría, al final de la guerra, a ser capitán de caballería (carros de combate).

Todos los detenidos, tras prestar declaración, fueron liberados a las pocas horas. El alcalde golpista, no obstante, quedó bajo vigilancia domiciliaria y, días después, el 9 de agosto, fue trasladado a Guadalajara, donde ingresó en la prisión central.

Esta era la crítica situación en esas fechas del verano del 36.

Cipriano Mera

El coronel Ildefonso Puigdendolas

Dice Vicente “que Maximino Vivares Notario vecino de este pueblo (luego llegaría a Alcalde) al ser yo detenido por la horda roja el 9 de agosto de 1936 al momento y espontáneamente salió en mi defensa, haciéndomela tan eficaz que, en seguida fui puesto en libertad y así pude huir poco después y escapar de una muerte segura; al mismo tiempo advirtió a las religiosas en mi propia compañía de lo que les era más conveniente para ahorrarse algunas molestias y para hacer más fácil su salida del Convento. Posteriormente me consta que a las religiosas que quedaron en este pueblo siguió prestándoles su ayuda”.

Sobre el médico Enrique de San Andrés, de Izquierda Republicana, dijo Vicente que “evitó algunos choques violentos entre los vecinos de distintos ideales; a mí personalmente me ofreció todo su apoyo y fue de los pocos que me visitó y estuvo a mi lado en aquellos días hasta que yo pude huir.”…” puedo añadir de parte de las religiosas de este pueblo a mi cargo que dicho señor observó siempre con todas ellas buena conducta y de él recibieron algunos favores particulares; durante todo el tiempo de la dominación roja en este pueblo procuró atender con especialidad y favorecer más particularmente a las religiosas que de aquí no pudimos sacar”.

Sucedió que, posiblemente las mismas milicias forasteras que se llevaron de Alcocer al alcalde golpista, intentaron también ese día la detención del sacerdote de Alcocer. Vicente Romero Sanz, que entonces era un joven párroco de 35 años, nacido en Oter y que llevaba en Alcocer muy poco tiempo: desde mayo de 1935.

Vicente, lógicamente, aun siendo religioso, no estaba relacionado con el intento de golpe, debido a su juventud y al poco tiempo que llevaba establecido en la localidad, no entraba en el círculo de cercanos al golpe, al ser prácticamente un desconocido. Esto lo entendieron perfectamente las personas republicanas a cargo en Alcocer en aquel momento. Y lo que pensaron fue que, como había pasado en otros lugares, lo que pretendía la milicia ajena era una detención arbitraria, seguida de un ajusticiamiento del joven sacerdote.

Fue entonces cuando sucedió una reacción que no cuadra con lo que, nos suelen contar, pues los izquierdistas alcocereños de entonces, son hoy catalogados en su totalidad como extremistas y alborotadores. Resultó que, ante las milicias foráneas, los dirigentes “rojos” de Alcocer, lejos de colaborar, se enfrentaron en grupo a ellas, a riesgo de sus propias vidas, como declaraba, siempre que podía, el propio Vicente Romero en los sumarísimos posteriores.

D. Enrique de San Andrés Flores

La misma abadesa, declara en otro sumarísimo “un jefe de milicias, desconocido con 8 o 10 vecinos del pueblo que no puede precisar quién son “ … “que tales sujetos registraron en el Convento, por decían que en él , podía haber armas, y terminar el registro, se marcharon sin llevarse nada, pero conminándolas para que en el día siguiente abandonaran el edificio, suplicando ellas, las permitieran estar allí unos días, por haber una monja enferma; y avisaron al alcalde Juan Bautista Casanova, el que acudió y dijo que estuvieran allí, que ya avisaría cuando tuvieran que marcharse”. Tras ceder los locales a las presiones externas, las monjas dejaron finalmente el convento el 14 de agosto, el día anterior a la quema, saqueo o destrucción de muebles, enseres y documentos. Si entonces se vació el contenido, la propia construcción fue destrozada piedra a piedra ya en el franquismo, al haber entregado el obispado el mismo a manos privadas y aún en democracia continua. En el estado actual del convento no caben ideologías, todos son culpables.

Otros acusados de izquierdas declararon prestar ayuda en aquellos momentos al sacerdote de Alcocer o a las monjas: Máximo Soria Ibarra, concejal: “Al poco tiempo del movimiento se presentaron en Alcocer unas milicias criminales, las que lograron apoderarse del señor Cura, seguidamente me personé yo en unión de otros del pueblo y después de unas acaloradas palabras logré que no se lo llevarán, y cuyo sacerdote hoy se halla en mi pueblo al que se le puede preguntar si es o no cierto esto”.

Juan Antonio Martínez Vivar alias “Salinita”, también concejal y presidente de la Casa del Pueblo, declaró “que es cierto que estuvo en los incendios de la Iglesia parroquial, ermita y convento de Alcocer pero no tomó parte y sí otros y su presencia allí fue para ver si lo evitaba, lo que no logró; Que tampoco logró que unos milicianos forasteros respetasen el sepulcro de la fundadora, la que fue sacada y enterrada después en el jardín del convento” …“Que es cierto que el día 14 de agosto de 1936 estuvo en el convento de Santa Clara de Alcocer con los que fueron a echarlas de él, pero no con tal fin sino con el de protegerlas”.

Respecto a estos hechos, Jesús Ibáñez Vaquero dijo “que también el día del Convento de esta villa, fue un día después de haber expulsado a las religiosas por mandato de Juan Antonio Martínez y acompañado también de Gabriel Salvador para buscar la documentación de la fundación del convento, la que no encontraron, marchándose en la unión de Juan Antonio Martínez y quedando Gabriel Salvador con otros que no recuerda”.

De Andrés Cillero, dijo esto Vicente Romero: “En los primeros días del movimiento al ser atropelladas las religiosas de este pueblo por las hordas rojas, el citado Andrés a mi requerimiento puso todo su empeño a recabar el apoyo de la autoridad en favor de las citadas religiosas y en mi propio favor y defensa consiguiendo de esta forma que, por espacio de algunos días que era muy necesarios, pudieran las religiosas continuar en su convento y yo en mi casa para preparar y conseguir mejor nuestra evasión al campo nacional”…” que lo que dice con respecto a las religiosas y al declarante lo hizo a juicio del dicente con toda seguridad y con satisfacción”… “espontáneamente se une a la petición de indulto que la madre del inculpado” … “lamentando únicamente que no sean las otras madres de nuestros gloriosos caídos las que hagan estas peticiones”.

Sor Dolores del Sagrado Corazón (Dolores Marina), que fuera abadesa del Convento de Santa Clara, declara desde Calabazanos, Palencia lo siguiente “Unidas a su dolor desde estos momentos que me entero de la detención de su querido hijo Andrés Cillero Arralde, por la gratitud que estas religiosas de Alcocer deben a sus caritativos padres y a su hijo Andrés Cillero Arralde la noche del 26 de julio de 1936 enterad(o) que habían entrado en el Convento vino a la una de la noche para ver qué nos hicieron y nos dijo que estuviésemos tranquilas que al señor alcalde ya le diría que mirara por las religiosas. Por si algo puede valerle el buen comportamiento con nosotras el deber me hace dirigir a su madre esta nota para consolar su corazón y la haga presente”.

Carro de combate elaborado en prisión por Andrés Cillero

Me surgen preguntas: ¿Por qué si se sabía que la fundadora había sido enterrada en el mismo jardín no se ha preocupado nadie hasta la fecha por recuperar los restos?¿Por qué en los sumarios nunca se pregunta por el posible paradero de documentos históricos y enseres artísticos del Convento? Porque está claro que muchos fueron robados: en 2007, Nueva Alcarria titula “Aparece un manuscrito sobre Alcocer en EEUU”, en realidad un libro de cuentas del monasterio y un contrato manuscrito para la realización de la tumba de doña Mayor Guillén de Guzmán que catalogó en 2003 David Arbesu, ​Catedrático de Literatura Española, y que Jaime Illanes Cortés redescubrió en esas fechas. Ciertamente, en los sumarios, la recuperación del arte y documentos no era un objetivo. ¿Puede ser cierto que el “Salinita” y otros sí intentaran buscar la documentación del convento para salvaguardarla?

Esos otros republicanos del pueblo que declararon haber ayudado a Vicente Romero y oponerse a que lo llevaran las milicias fueron: Conrado Ayllón (Guarnicionero y propietario del bar de la Glorieta), Joaquín Lanza Morales, Alberto Álvaro Málaga, Elías Cervigón Moracho (“Bienpeinado”), Pedro Écija Guindo (el “Rajas”), Modesto Hernández Corona (el “Corneta”) y Teófilo Guindal Palomo (“Pataseca”).

La lista está viva y seguro que crecerá, pues tenemos aún mucha documentación por analizar. La defensa de Vicente Romero fue masiva.

La pregunta es entonces ¿Cuadra esta acción con la imagen que se nos ha transmitido de “malas personas” o “extremistas”?¿Es posible mantener la contradicción de que salvaran o ayudaran a cura y monjas, a riesgo de sus propias vidas y colaboraran sin embargo en otros hechos delictivos reprobables? La defensa férrea de Vicente Romero de algunos de los fusilados pone en duda el argumentario habitual, transmitido en Alcocer.

Elías Cervigón Moracho (“Bienpeinado”) fue concejal y sufrió pena de muerte conmutada a 30 años, siendo uno de los que tuvieron mayor tiempo estancia en prisión (11 años) hasta su libertad condicional. Tuvo doce hijos.

Enrique de San Andrés, el médico de Alcocer, fue encarcelado y pasó por varias prisiones, obteniendo la libertad condicional en 1942, siendo inhabilitado para el ejercicio de su profesión y sufriendo una demencia traumática a consecuencia de su paso por prisión. No tuvieron tanta suerte sus dos cuñados Víctor y Antonio, hermanos de su esposa Elisa Ballesteros Herráiz, uno fallecido en prisión y el otro fusilado, otro sobrino (Melitón) fusilado, como también el marido de su sobrina Pepa, su hijo Julio muerto en el frente, al igual que otros dos sobrinos más: Marcelino y Vicente. Un hermano de estos, Antonio, perdió una pierna en las batallas del Ebro. Otro hermano de los anteriores, encarcelado, logró su libertad tras ocho meses de prisión.

Andrés Cillero, como comentamos, llegó a capitán de caballería (carros) durante la guerra. Su padre también fusilado pese a sufrir a ambos bandos durante la guerra, únicamente por ser el padre de su hijo. Aunque consiguió la revisión de la causa, como sucedió con el “Rajas” los testigos de su revisión eran los mismos y las declaraciones idénticas. Una farsa. La intervención de Vicente Romero y las diversas súplicas de su madre no fueron tenidas en cuenta y fue fusilado a los 26 años en mayo de 1941. La represión se ensañaba con quienes alcanzaban altos rangos.

Juan Bautista Casanova murió en la prisión de Burgos en septiembre de 1940. Tenía cincuenta y dos años.

Jesús Ibáñez Vaquero, “Jesusillo”, esposo de Gregoria la “Chicha”, murió en la prisión de Burgos también en Julio de 1943 a los cuarenta y cinco años. Había sido Fiscal Municipal Interino. Tuvo cuatro hijos en sus dos matrimonios.

Teófilo Guindal Palomo (“Pataseca”) era el marido de Concha (la “Pipa”). Le pusieron en el debe el paquete habitual, aunque ninguno “de sangre” demostrada: pasaba por allí cerca y eso era suficiente. Podéis saber de la historia vital posterior de su viuda en el libro “Vuelta a la madre” de Isabel García Guindo. Dejó un hijo del mismo nombre que arrastró su tragedia toda la vida. Como Concha (y Teófilo hijo), muchas personas y familias enteras quedaron destrozadas. En nuestra asociación hemos contabilizado 148 hijos de fusilados y de muertos en el frente. Alcocer ya nunca fue la misma. No se mataron personas, se mató al pueblo, que ya nunca recuperó su vitalidad.

El franquismo tomó Alcocer con 1624 vecinos y lo devolvió moribundo en 1976 con apenas 500, establecidas y arraigadas una serie de costumbres cainitas y caciquiles latentes hoy todavía. Al poder no se le toca, se le adula, como en una pequeña corte medieval. El miedo al poderoso sigue en nuestro ADN, y con motivos.

Pedro Écija Guindo (el “Rajas”), no ejerció cargo alguno y fue el último fusilado de Alcocer, ya en enero del 43, puesto que su primera sentencia fue revisada, al detectar el auditor de guerra numerosas imprecisiones. Ni que decir tiene que, al ser idénticos los testigos citados para su revisión posterior, estos no cedieron en su determinación.

Modesto Hernández Corona (el “Corneta”) había sido pregonero, alguacil algún tiempo y fiscal municipal suplente con carácter interino. Fue puesto en libertad tras seis meses de prisión. A diferencia de otros, a Modesto sí se le tuvo en cuenta la defensa que hizo de Vicente Romero. De lo que se deduce que los cargos y defensas eran lo de menos y que los destinos de las personas se decidían de otras maneras. Tuvo una hija, Antonia.

Alberto Málaga: Fuente 15Mpedia

Elías Cervigón Moracho. Fuente: Fundación Pablo Iglesias

Antonia, hija de Modesto, con el tío Tomasillo en el Mercado Viejo. Foto Facebook.

Todas las personas citadas en este artículo sufrieron cárcel y, en muchos casos, también sus familiares directos. La mayoría fueron fusilados y sus familias exiliadas:

Maximino Vivares (“Cachena”) fue alcalde desde mayo del 37 a enero del 39. Fue absuelto en una primera sentencia. Pero el Consejo la anuló y fue finalmente condenado a muerte en una segunda, siendo fusilado a los 44 años de edad, en Julio del 40. Su propio hermano Simón, primer alcalde franquista de Alcocer, declaró en su contra. Dejó nueve huérfanos y su esposa, Pepa Cañaveras, murió un año después en abril del 41. Sus descendientes dejaron el pueblo.

Juan Antonio Martínez Vivar fue presidente de la Casa del Pueblo y concejal. Sería fusilado en noviembre del 39, uno de los primeros. Tenía dos hijos.

Máximo Soria (albañil residente en la Calle de La Lechuga) y su padre Juanito el “Catorce”, que vivía en la calle de la Iglesia, también albañil, fueron los dos fusilados. Máximo había sido concejal y secretario de UGT. Tenía 33 años el día de su asesinato en octubre del 40. Su padre, también concejal, de 64, lo fue unos meses antes. Dejó un hijo de tres años de edad. Máximo tenía dos hermanas: Abdona y Carmen.

Conrado Ayllón Palomino (guarnicionero y propietario del bar de la Glorieta) no ocupó cargos ni participó en suceso alguno. Daba igual: sufrió cárcel varios años y dos de sus hijas, Luisa y Paz de 19 y 21 años, acusada una y encarcelada la otra. Tenía otros dos hijos más.

Joaquín Lanza Morales, jornalero y concejal, fue fusilado el 13 de mayo de 1940 por participar en los altercados posteriores al golpe que abortaron el mismo, siendo el resto de cargos aparentemente inventados por los acusadores. Tenía 38 años. A su hijo le puso de nombre Lenin. Eso bastaba para algunos. Dejó otra hija más.

Alberto Álvaro Málaga, fue concejal y había sido chófer de Federico de San Andrés durante muchos años. Sin embargo, fue acusado de la quema de muebles del Convento, algo que a él pareció indignarle especialmente, dado que declara que “Esta falsa acusación es una iniquidad pues un servidor tiene y ha tenido un concepto de la religión y de las cosas sagradas mucho más elevado que el que me ha hecho esta acusación tan indigna y repugnante, por el motivo que he sido criado y educado en dicho convento desde la edad de cinco años hasta mi incorporación a filas en el ejército de África donde presté mis servicios militares como asistente del señor capellán del regimiento número once durante treinta y siete meses”. Dejó tres hijos.

Estos hechos, y muchísimos otros pendientes de publicar, son fruto de las investigaciones realizadas para la Asociación por la Memoria de Alcocer. Las fuentes provienen del Archivo Histórico Provincial de Guadalajara, Tribunal Togado nº 32 de Zaragoza, Archivo General Militar de Guadalajara, Foro por la Memoria de Guadalajara, archivos personales, prensa y boletines oficiales.

La mala noticia es que, mientras archivos militares nos abren sus puertas, el Ayuntamiento de Alcocer sigue cerrado para esta asociación, contradiciendo las palabras del alcalde en pleno municipal el pasado mes de septiembre:

“El Sr. Alcalde indica que dan la bienvenida a una nueva asociación, la Asociación por la Memoria de Alcocer, AMA, a la que brinda su colaboración y apoyo como al resto de asociaciones.”

O eso dice el acta.

“Que se mueran mis padres” si es mentira.

Luis del Saz Ayllón, Alcocer, Guadalajara

Fuentes: testimonios familiares y de vecinos, Biblioteca Virtual del Ministerio de Cultura, Archivos estatales, militares, municipales y parroquiales, INE y Foro por la Memoria de Guadalajara.